A mis padres.

Hoy, navegando en una de esas infinitas redes sociales, he acabado en el perfil de una antigua amiga. Nada tiene que ver lo que era y lo que es. Nunca fue gorda pero nunca fue delgada, como su hermana. Nunca fue chicazo pero nunca fue pija, como su hermana. Nunca fue asocial pero nunca buscó el populismo, como su hermana.

Y de repente me la encuentro convertida en su hermana, y sabes de donde ha venido ese cambio. De unos padres y en concreto de una madre.

Y por eso dedico esta entrada a mis padres. Mil veces agradecida de no imponerme nada, de no buscar en mi algo que no era, de aconsejarme, que no obligarme, de aceptarme tanto cuando acierto como cuando me equivoco. Mis amistades les podrán gustar más o menos y me lo harán saber pero nunca me obligarán a dejarlas. Mi forma de vestir, a veces demasiado de dejada lo reconozco, no hará que tiren todo mi armario para llenarmelo de ropa “decente”.

Tengo 3 hermanos, mis padres 4 hijos, 4 días con sus 4 noches cada uno más diferente al anterior pero todos complementarios. Y en eso consiste, no en tener copias sino en tener originales. Originales que te traigan alegrías y disgustos a casa, estará el que es más hábil para dibujar y el que es más hábil con las nuevas tecnologías, también el que se sabe desenvolver en cualquier situación o el ambivalente que va cogiendo de aquí y de allá hasta ser él mismo.

4 hijos, 4 originales, 4 orgullos. No somos peores ni mejores, somos diferentes.

Gracias papá, gracias mamá por dejarnos ser.

Gracias papá, gracias mamá por estar siempre ahí.

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La regla del minuto

Érase una vez una chica MUY desordenada que dejaba cosas sin hacer de un día para otro.

Viéndose un día aplastada, literal y metafóricamente, por cosas sin hacer decidió ponerle remedio. Buscando y buceando en su mente encontró una información leída tiempo atrás por los mundos perdidos de internet, el Santo Grial para las personas con tendencia al desorden: realizar todas aquellas tareas que costasen menos de un minuto.

¿Colgar un pantalón? Menos de un minuto.

¿Poner los zapatos en su sitio? Menos de un minuto.

¿Limpiar la taza del desayuno? Menos de un minuto.

¿Limpiar el espejo? Menos de un minuto.

etc.

Pasó el tiempo y se atrevió a dar un paso más allá.

¿Recoger el cuarto? 2 canciones.

¿Limpiar cocina? 3 canciones. 

¿Cocinar? Un capítulo de una de tus series favoritas. Adelantas tarea seriéfila y cocinas algo rico a la vez.

Y si bien el caos reinaba de vez en cuando en su plácido mundo, ya no existía esas montañas de tareas que la aplastaban en los viejos tiempos.

Moraleja para el día de hoy:

Deja para mañana lo que puedas hacer hoy, excepto si te cuesta menos de un minuto.

Amores de…

No vengo a hablar de amores de verdad, ni de flechazos, hoy quiero hablar de esos amores de metro, de cine, de supermercado, playa, bus, blogs…

Esos amores donde no hay amor, sólo conexión.

Conectados por una mirada, una sonrisa, unas palabras o un texto. Fugaces o repetitivos. Infieles, porque hay más de uno, y de dos y de tres.

De esos que te hacen afrontar un lunes con buena gana o te levantan el ánimo un domingo.

Y en esas me encontré yo este domingo por la mañana, haciendo la compra de la semana, cuando nos cruzamos en un pasillo, y en el siguiente y en el siguiente de ese siguiente. Y en todos esos tropiezos la sonrisa, la mirada y la educación que te hacen sacar la sonrisa más sincera de toda la semana. Y este domingo, por lo menos yo, vuelvo para volvernos a tropezar.

)

Y esta vez… ¿qué?

¿De qué escribo?, ¿será el blog definitivo?, o, por el contrario, ¿caerá en el pozo del olvido sin darme cuenta?

Que la intención está, hasta me he bajado una aplicación para el ipad en un modo motivación total (¡ojo! 5 dólares), así que ahora sí que sí.

Ya he crecido, ya soy una adulta, ya puedo estrenarme por todo lo alto por estos mundos y aún así no lo escribo muy convencida.

Mi nombre es Elena y con el blog hemos topado así que relajaros y…bienvenidos, prometo que la intención está.