Con una mirada

Él, taciturno, cabizbajo, una lluviosa tarde de verano.

Ella, con la cabeza bien alta, comiéndose el mundo, la misma lluviosa tarde de verano.

Un autobús, abarrotado, oxígeno axfisiante, espaldas que se chocan con brazos, pies que pisan a otros pies, empujones en cada parada y de repente click* una mirada.

No de dos desconocidos sino de dos desconocidos muy bien conocidos. Y entonces él, lamentándose de lo que pudo ser. Y entonces ella, agradeciéndole lo que hoy ha llegado a ser.

Porque no hay mal que por bien no venga, sólo hay que buscarle la manera.