Uno. Ocho. Cero. Grados.

Apareció sin avisar, como las cosas buenas que ocurren en la vida. Como un soplo de aire fresco, dispuesto a poner su mundo patas arriba.

Con un plumazo viejas cenizas volaron y un nuevo fuego iniciaron.

Él aún no sabía que la había encontrado y ella no tardó en hacerse más presente en su vida. Muchas tardes de palabras vacías, sólo por el placer de hablar. Cines y viajes se fueron sumando a una larga lista de recuerdos a compartir.

Y llegó el día, el día en que ella se cansó de dar y se fue.

Y entonces él la empezó a añorar y, al intentar ponerle remedio, se descubrió. La buscó y la encontró. La encontró y le explicó. Le explicó y la recuperó.

Porque no hay nada más sincero que hablar con el corazón.

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