A mis padres.

Hoy, navegando en una de esas infinitas redes sociales, he acabado en el perfil de una antigua amiga. Nada tiene que ver lo que era y lo que es. Nunca fue gorda pero nunca fue delgada, como su hermana. Nunca fue chicazo pero nunca fue pija, como su hermana. Nunca fue asocial pero nunca buscó el populismo, como su hermana.

Y de repente me la encuentro convertida en su hermana, y sabes de donde ha venido ese cambio. De unos padres y en concreto de una madre.

Y por eso dedico esta entrada a mis padres. Mil veces agradecida de no imponerme nada, de no buscar en mi algo que no era, de aconsejarme, que no obligarme, de aceptarme tanto cuando acierto como cuando me equivoco. Mis amistades les podrán gustar más o menos y me lo harán saber pero nunca me obligarán a dejarlas. Mi forma de vestir, a veces demasiado de dejada lo reconozco, no hará que tiren todo mi armario para llenarmelo de ropa “decente”.

Tengo 3 hermanos, mis padres 4 hijos, 4 días con sus 4 noches cada uno más diferente al anterior pero todos complementarios. Y en eso consiste, no en tener copias sino en tener originales. Originales que te traigan alegrías y disgustos a casa, estará el que es más hábil para dibujar y el que es más hábil con las nuevas tecnologías, también el que se sabe desenvolver en cualquier situación o el ambivalente que va cogiendo de aquí y de allá hasta ser él mismo.

4 hijos, 4 originales, 4 orgullos. No somos peores ni mejores, somos diferentes.

Gracias papá, gracias mamá por dejarnos ser.

Gracias papá, gracias mamá por estar siempre ahí.

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